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La palabra con “S”

Recuerdo con exactitud cuándo fue la primera vez que alguien se refirió a mí usando La palabra con “S”. Fue en uno de los veranos en que iba a nadar a un club. A pesar de que tenía 16 años, estaba en el mismo grupo que los niños, porque no me sabía zambullir. De hecho, todavía no sé… Debe ser porque no me llevo bien con la fuerza de gravedad.

En fin. La cuestión es que ahí estaba yo, entre los pequeños, haciendo ejercicios para principiantes, aunque sabía nadar. En una de las idas y venidas por el costado de la piscina, uno de ellos dijo “dejen pasar a la señora”. Así que me hice a un lado, girando para que la señora pudiera pasar… pero no había más nadie. La señora era yo.

Eso fue hace ya más de 20 años. Se diría que, después de dos décadas de experiencia en esto de ser señora, ya tendría que tenerlo dominado. Pero no. Todavía me resulta extraño. ¿Señora, yo? ¡Pero si me siento joven!

Bueno, no siempre. A veces estoy tan cansada que me da la sensación de haber estado viva durante siglos. Es más, espero que no exista la reencarnación, porque la sola idea de acumular cansancio de una vida a otra me agota. Por cierto que son esos momentos, cuando las ojeras parecen estar talladas en mi cara, en los que más me confunden con una señora.

Pero otras veces estoy llena de entusiasmo, curiosidad, ganas de conocer el mundo, como si todavía fuera una niña que tiene la esperanza de que algún día va a aprender a zambullirse… ¡la ingenuidad de la juventud!

El paso del tiempo hace que me ponga a reflexionar

En parte el problema es que no hay un límite claro que marque cuándo una muchacha pasa a ser una señora, entonces queda a criterio del consumidor. Además, hace años que no se usa decir “señorita”.

La distinción entre señora y señorita aludía, respectivamente, a si una mujer era casada o soltera. Sin embargo, se asocia indirectamente con la edad. Esto tiene una veta ideológica, porque implica que a cierta edad ya deberíamos estar casadas… de ahí que la diferenciación haya caído en desuso.

En todo caso, entiendo que para un niño, una chica de 16 años bien puede ser una señora. El problema es cuando el epíteto proviene de alguien de la misma edad que una o, lo que es peor, de alguien mayor. Ahí es cuando me sale el camionero que llevo dentro, diciendo algo que empieza con un “¡pero andá!”.

Con perdón a los camioneros.

Últimamente, cumplir años saca a relucir mi veta filosófica

A ver si me explico: No creo que sea casualidad que haya empezado a darle vueltas a este tema cuando estaba por cumplir años.

Los medios de comunicación y, más recientemente, también las redes sociales, les rinden culto a la juventud, como si fuera la única etapa de la vida que valiera la pena. Por ejemplo, las actrices de más de 30 años raras veces son las protagonistas de una película, sino que quedan relegadas al papel de madre.

Pero a mí no me engañan; sé muy bien que glorificar la juventud es solo una conspiración para vender cremas antiarrugas.

No volvería a mis 20 y mucho menos a la adolescencia, ¡qué horror! Ahora tengo mucho más claro quién soy qué quiero de la vida.

Además, estoy convencida de que cada etapa de la vida tiene sus propias ventajas y desventajas.

Así que voy a tener que amigarme con la palabra con “S”, dentro de lo posible, antes de que me empiecen a decir “abuela”.

Por cierto, lo que más me entusiasma de llegar a la tercera edad es que, supuestamente, es cuando a la gente se le empiezan a caer los filtros y dice todo lo que se le pasa por la mente. Si ya me cuesta mantener cerrada mi bocota, ni me imagino cómo voy a ser dentro de 30 o 40 años… Va a ser algo digno de verse.

Comparto el punto de vista de la escritora estadounidense Bunmi Laditan (traducción aproximada):

“La sociedad trata de que a las mujeres nos asuste envejecer, pero me encanta esta mierda. Cada año me sumerjo más profundamente en un baño de  honestidad descarada y es maravilloso”.

No podría estar más de acuerdo.

Y, menos mal que se sumerge, porque si se zambullera, ahí sí que se me complicaría.

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Disclaimer: Cada publicación fue realizada luego de haber investigado los temas correspondientes y expresa mi honesta opinión al respecto en el momento de realizada. Dado que constantemente está surgiendo nueva información, es posible que mi punto de vista haya cambiado desde entonces. Esto resulta todavía más importante cuando se trata de asuntos sensibles. En caso de dudas, recuerden que preguntar es mejor que asumir.

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