Posted on 27 julio, 2023 by Inés Iturbide
Hace un tiempo me pasó lo siguiente: iba en ómnibus a no me acuerdo dónde, cuándo divisé por la ventana a una mujer muy elegante. Pensé que parecía salida de las revistas Para Ti que miraba cuando era niña.
Durante mi infancia, tenía una imagen muy idealizada de cómo quería ser cuando fuera grande… sorprendentemente parecida a esa mujer al otro lado de la ventanilla.
Sin embargo, ahora que ya soy adulta, no me parezco en nada a ese modelo a seguir. Es más, de solo pensarlo, me siento como un proyecto abandonado a medio camino.
Tal vez la solución sería empezar a vestirme como ella. Pero, si lo hiciera, sentiría estar disfrazada de algo que no soy… ¡un viaje!

Mi guardarropa no es el único aspecto de mi vida que no está a la altura de las circunstancias. Pensar en metas alcanzadas (o la escasez de éstas) es la receta perfecta para deprimirme.
Tal vez me juegue en contra tener buena memoria; recuerdo perfectamente cuando salió la canción de Ricardo Arjona Señora de las cuatro décadas, allá por 1994. Me causaba gracia la reacción de las “veteranas de cuarenta”. Claro; yo todavía estaba en primaria. En todo caso, quiero aprovechar esta oportunidad para disculparme ante todas esas mujeres. Ahora, la Señora de las cuatro décadas, soy yo… ¡y pensar que recién estaba haciendo las paces con que me dijeran señora!
Hay otro aspecto a tener en cuenta: cuando me propuse alcanzar determinadas metas para determinada edad, no tenía ni idea de qué me deparaba la vida; no sabía con todos los obstáculos con que me iba a topar. En ese aspecto, si pudiera hablarle a la niña que fui, tal vez lo primero que le diría sería: “te puedo explicar lo que pasó”.
Ahora bien, hay logros que son más usuales, como un título universitario, haber formado una familia o incluso algo material, como tener una casa en la playa. Estos triunfos son los que contamos al encontrarnos con alguien a quien hace tiempo no veíamos; son las medallas de honor de las que podemos presumir en redes sociales.
Pero hay otro tipo de logros, a los que me voy a referir –a falta de una mejor idea- como Logros Invisibles. Son esas batallas que luchamos en silencio, o contándole a muy pocos.
Para alguien que está luchando contra una adicción, por ejemplo, cada día sin consumir es un logro. Para quien le está dando batalla a la depresión, levantarse de la cama a encarar la vida, también. Lo mismo haber terminado una relación tóxica, haberle ganado a una enfermedad… y quien sabe cuántas situaciones más.
Son triunfos, aunque no se griten a los cuatro vientos, ni se difundan en internet. Son victorias silenciosas, pero no por eso menos importantes.

Sé que una de las cosas que se suelen criticar de la generación millennial es que nos creemos con derecho a un trato especial y que el mundo está en deuda con nosotros. Pero ese es otro estereotipo más, como lo es que nuestra fragilidad económica se debe a comer tostadas con palta. O sea, la inestabilidad financiera es muy real, pero responde al estado de la sociedad en su conjunto, no a darse un gusto de vez en cuando.
Lo que estoy planteando no es vanagloriarnos por cumplir con lo estrictamente necesario, sino que tal vez sería conveniente preguntarnos si los únicos logros que cuentan son los más clásicos. No todo es productividad en esta vida. En palabras del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, “ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando”.
Además hay otro aspecto: puede que nuestras metas hayan cambiado.
¿Cómo te imaginabas de adulto a los diez años? ¿Y a los quince? ¿Y a los veinte? Posiblemente en esas imágenes haya elementos en común, claro; pero también muchas diferencias. Lo que sería completamente natural. A medida que pasa el tiempo, vamos conociendo cómo funcionan las cosas, vamos aprendiendo sobre nosotros mismos y está perfecto que eso influya en nuestras expectativas. Es más; me atrevo a decir que es lo más sano. Después de todo, querer a los 40 exactamente lo mismo que querías a los 12, ¿no estaría sugiriendo que la vida nos resbala?
Tampoco está bueno casarse con una idea y mantenerla por inercia. Si vamos a sostener una creencia, que sea porque evaluamos que tiene sentido para la persona que somos en el presente. Y, sí; esto requiere hacer introspección de vez en cuando- algo que recomiendo, ya que me ha servido mucho.

Desesperarnos y deprimirnos por las metas que no hemos podido cumplir no nos sirve. Hasta es posible que tenga un efecto contraproducente y nos paralice.
Algo que me ayuda es recordar que, contrario a lo que dije al principio de este artículo, no soy un proyecto abandonado a medio camino; soy un proyecto en curso. Hay muchas metas que no he logrado todavía. La palabra clave es todavía.
Valorar lo que ya hemos logrado es importante de por sí y, además, nos da fuerzas para conquistar las metas que aún tenemos pendientes.
Podría argumentarse que este es un problema exclusivamente mío, pero tengo entendido que no soy la única en esta situación. En todo caso, en nombre del rigor periodístico (algo que sé que está en peligro de extinción), prefiero preguntar.
Les invito a responder esta encuesta. En base a lo que contesten y si veo si el tema interesa, puede que vuelva a escribir sobre qué significa la adultez hoy en día.
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Fuentes:
PSA: Millennials Feel Like Kids Because They Can’t Afford To Be Adults
The Annoying Millennial Trope, Explained
Imágenes:
Disclaimer: Cada publicación fue realizada luego de haber investigado los temas correspondientes y expresa mi honesta opinión al respecto en el momento de realizada. Dado que constantemente está surgiendo nueva información, es posible que mi punto de vista haya cambiado desde entonces. Esto resulta todavía más importante cuando se trata de asuntos sensibles. En caso de dudas, recuerden que preguntar es mejor que asumir.
Category: PersonalTags: Generación Y, logros, metas, millennial, millennials, sociedad
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