
¿Conocen a esas personas que dicen que ir de compras es como hacer terapia? ¿A quiénes parece incomodarles tener dinero encima y lo gastan enseguida? Pues yo solía ser una de ellas. Mi lema era “el que dice que no se puede comprar la felicidad, es porque no conoce las tiendas adecuadas”.
Descubrí los comercios online a los 14 años y empecé a usarlos con frecuencia. Como no tenía tarjeta de crédito propia, acordé con mi madre un presupuesto mensual. Planificaba con meses de anticipación qué comprar; pasaba horas buscando en distintas páginas y lo registraba todo en un cuaderno. Una actividad a la cual me refería como “hacer investigación de mercado”.
Pero eso no implicaba que fuese frívola en todos los aspectos. Siempre tuve una veta espiritual, amor por la Naturaleza y los animales.
Fue justamente ese amor que me llevó a adoptar una cachorrita, días antes de mi cumpleaños número 18. Mi madre pensó que era una mala idea, porque sufro de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Por suerte, no le hice caso.
Esa perrita, Umi, mejoró mi vida de forma radical. Me enseñó a dar y a recibir cariño. Fue como si hubiera aprendido a decir “te quiero” de nuevo.
Los años de cachorra fueron complicados, pero apliqué una estrategia estricta de paciencia y cariño… que dio maravillosos resultados. Umi se volvió mi adoración, mi hija adoptiva (sin desmerecer a su madre biológica).
Se convirtió a mis ojos en Embajadora de los Animales, como si al mover su rabo estuviera batiendo un estandarte de compasión hacia los seres vivos, reafirmando mis convicciones sobre la importancia de defenderlos.
Algunos años después, comencé a salir con mi actual novio, quien prefiere a los gatos antes que a los perros. Así que se lo dejé muy claro: Si de verdad me quería en su vida, tenía que hacerse a la idea de que Umi era parte del combo.
Alguien dijo una vez que los perros viven menos que las personas porque aprenden a amar con más rapidez que nosotros… Es muy posible que sea verdad.
Cuando Umi cumplió 12 años, quise agasajarla con algún manjar, pero decidí esperar unos días, porque se sentía mal. Umi no se mejoró. Pocos días después, se durmió para no despertarse más.
Fue un golpe tremendo. Me quebré de una manera sin precedentes en mi vida… No había nada que lograra animarme.
Entonces llegó el día de comprar por Internet… y me di cuenta de que, lo que en realidad quería, no se podía comprar.
Esa fue una gran revelación para mí y el principio de una nueva etapa. Una situación tan dolorosa me había ayudado a ver mi vida desde otra perspectiva, desde donde me percaté de que había desperdiciado mucho tiempo y energía en cosas superfluas y prescindibles… y de que, aún después de haber dejado el mundo físico, Umi seguía enseñándome.
De esta nueva etapa va a tratar este blog. De cómo estoy aprendiendo a apreciar la riqueza de la simplicidad, asimilando esas lecciones y poniéndolas en práctica.
Hoy, 8 de Abril de 2016 hace ya 3 años que mi adorada perrita se fue al Cielo. Si bien he aceptado que ya no está acá, la extraño todos los días y la voy a seguir extrañando. Sólo espero ser lo suficiente buena persona para poder ir con ella cuando me toque.
Si te gustó lo que leíste, considerá suscribirte. Escribo sobre ecología, defensa de animales, minimalismo… y algunas otras cosas.
Disclaimer: Cada publicación fue realizada luego de haber investigado los temas correspondientes y expresa mi honesta opinión al respecto en el momento de realizada. Dado que constantemente está surgiendo nueva información, es posible que mi punto de vista haya cambiado desde entonces. Esto resulta todavía más importante cuando se trata de asuntos sensibles. En caso de dudas, recuerden que preguntar es mejor que asumir.
Comentarios recientes