El comienzo de un nuevo año suele ir acompañado de buenos propósitos. Lo que para algunos es sólo un simple cambio de calendario, para otros es una oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva. De ahí surgen las Resoluciones de Año Nuevo: Aprovechamos el cambio de año como incentivo para mejorar algún aspecto de nosotros mismos.
Dentro de las más frecuentes suelen estar hacer dieta y ejercitarse. Si bien reconozco que la alimentación saludable y hacer ejercicio de forma regular son muy buenas prácticas, lo que propongo viene por otro lado y tiene que ver con el núcleo de este blog: El Minimalismo.
Bueno, pero, ¿qué es el minimalismo?
Surgió como una corriente artística, en la década de 1960, que se basa en representar elementos básicos y esenciales, despojándose de todo lo accesorio. Por extensión, el término se utiliza para referirse a una forma de vida basada en priorizar lo verdaderamente importante, como los vínculos, el bienestar propio, el equilibrio y la armonía con la naturaleza.
Es, por lo tanto, un movimiento contracultural, ya que se opone a los valores establecidos que indican que la realización personal se obtiene mediante el consumismo, muchas veces desmesurado.
Es importante hacer una distinción entre los conceptos de consumo y consumismo: Según el sociólogo, ensayista y filósofo polaco Zygmunt Bauman (1925 – 2017), el consumo es una actividad inherente de la vida misma; comer y respirar es consumir. En cambio, el término consumismo se refiere a cuando el consumo toma un papel central en la vida de las personas y en la economía.
Ya que todavía están frescos los recuerdos, piensen en lo que son Las Fiestas: Debería tratarse de una instancia para reunirse con seres queridos, agradecer por nuestras bendiciones, evaluar nuestros logros durante los últimos doce meses y planificar objetivos para los próximos. Sin embargo, lo que se vive en Diciembre dista bastante de eso. Corremos de un lado hacia otro, tratando de cumplir con obligaciones sociales (muchas de las cuales no nos aportan ni media sonrisa), decoramos hogares y oficinas con símbolos cuyo origen desconocemos, ingerimos comida y alcohol en exceso, contaminamos el ambiente con pirotecnia y papel de regalo y gastamos más de lo que tenemos, porque pensamos que el cariño se mide de forma directamente proporcional al precio de un obsequio.
¿Eso de verdad nos hace felices? Pues, como a mí no me funcionaba, decidí darle otro rumbo a mi vida. Es verdad que recién estoy empezando. Pero también es verdad que ya noto los beneficios. A finales del año pasado, me sentí por fuera de toda esa vorágine consumista, lo cual me encantó. Fue muy liberador, como si estuviera en otro país, observando una práctica cultural ajena.

Comprar más de lo que necesitamos tiene un impacto muy negativo en la naturaleza.
En otra ocasión, voy profundizar sobre los muchos beneficios de esta forma de vida. Hasta entonces, los invito a reflexionar sobre la importancia que solemos darle a lo material como medio para sentirnos felices. ¿Quién sabe? Tal vez el próximo año resuelvan experimentar el minimalismo.
Fuentes:
Imágenes de Pixabay.
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Disclaimer: Cada publicación fue realizada luego de haber investigado los temas correspondientes y expresa mi honesta opinión al respecto en el momento de realizada. Dado que constantemente está surgiendo nueva información, es posible que mi punto de vista haya cambiado desde entonces. Esto resulta todavía más importante cuando se trata de asuntos sensibles. En caso de dudas, recuerden que preguntar es mejor que asumir.
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